PRIMERA EXPERIENCIA CON SALVIA DIVINORUM

Hace ya bastante años que tuve junto a unos amigos mi primera experiencia con la Salvia Divinorum, al igual que ellos, concretamente en 2005, pero lo recuerdo como si fuera ayer.

Estaba pasando el verano en Inglaterra, haciendo un curso para mejorar el idioma y una tarde tres amigos y yo pasamos junto a una smart shop.
Nos llamó la atención, ya que en España nunca habíamos visto ese tipo de tiendas.

Salvia Divinorum
Mi amigo, (llamémosle David), entró con la intención de comprarse una bong y los demás entramos a echar un vistazo.
Yo quise comprar algo llamado "mix joint" pero al ser menor de 21 años no pude.
Entonces vi la salvia divinorum, la cuál hacía tiempo que quería probar, además con 18 años estaba permitido comprarla, así que era mi oportunidad.

Se lo comenté a los demás, (vamos a llamarles Iván y Carla).
A Ivan no se le veía muy convencido y Carla dijo que no, que si lo comprábamos que ella se encargaría de controlarnos. El único al que le gustó la idea fue a David, que tenía curiosidad por probarla. Además que mejor oportunidad para estrenar su nueva bong.

Compramos dos paquetes de 1 gramo de salvia divinorum 10 X, uno para cada uno. Así lo que sobrase nos lo llevaríamos cada cuál a su casa.
A continuación nos dirigimos a un parque bastante grande y buscamos un rinconcito tranquilo apartado del bullicio. La verdad que dimos con el lugar perfecto. Rodeados de árboles, en un pequeño rincón del parque, sin nadie a nuestro alrededor...

Nos sentamos los cuatro en el suelo mientras David y yo nos disponíamos a preparar todo.
Una vez listo yo fui la primera en probarlo. Estaba emocionada, ansiosa y nerviosa a la vez, pues no sabía con exactitud lo que iba a sentir ni lo que iba a suceder.

Finalmente me relajé y colocamos una pequeña cantidad en la bong y con tan sólo una larga y profunda calada y tras retener el humo durante 10 segundos comencé a reir sin parar, hasta que pocos segundos después comenzó mi viaje.

Empecé a ver un pasillo muy estrecho y muy largo, no se veía el fin y en el techo tenía muchas luces, una especie de focos de un color amarillento pero potente. Yo iba en una camilla y a cada lado había dos hombres con gorro y mascarilla de médico o enfermero. Sólo podía verles la cabeza. Ellos me llevaban en la camilla a gran velocidad por el estrecho pasillo, por el que nunca se veía una salida. Era un hospital.

Mientras tanto yo estaba sentada en el césped y con los ojos cerrados no podía mantener erguida la cabeza, se iba para los lados y yo la agarraba con mis manos intentando ponerla recta, mientras decía una y otra vez que se me caía la cabeza, todo esto entre risas hasta que poco a poco fui volviendo en mí.

Duró poco más de un minuto y medio. Fue una experiencia única, difícil de explicar, ya que mi cuerpo estaba en el parque y yo lo sabía, pero mi mente es como si viajaría sola, independientemente de mi cuerpo, como si me hubiesen dividido y podría sentir mi cuerpo y mi mente por separado. Fue extraño, pero para nada fue desagradable ni pasé miedo, todo lo contrario, no hacía más que reírme y me gustó bastante la experiencia, aunque sí que me hubiese gustado ver otras cosas.

Bueno, tras explicar mi viaje al resto, le tocó el turno a David.
Al igual que yo, estaba nervioso, sobretodo al contarle mi experiencia de que se me caía la cabeza.
Echamos la misma cantidad que anteriormente y a los pocos segundos comenzó a reirse y a señalar al aire. Estaba sentado, miraba a todos los lados con cara de asombro mientras saludaba con la mano a la nada.

Así estuvo un par de minutos, aunque según él había sido bastante más.
Nos contó que empezó a ver fotos de sus familiares flotando por el aire, en fila, que las personas de las fotos le saludaban y que su madre salía en una de ellas hablándole, pero que no entendía el qué. Además veía objetos entre los arbustos, pero que según el, no alcanzaba a ver que eran con exactitud.
Salió encantado de su experiencia, ya que al principio le daba algo de miedo.
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Tras contar nuestras experiencias, Iván que al principio se mostraba reacio, le picó la curiosidad y quiso probarla.
El procedimiento fue el mismo, sin embargo él dio dos caladas a la bong, en vez de una como nosotros.

Al momento vimos como Iván comenzó a andar a gatas alrededor nuestro, se tapaba la cabeza con las manos y se agachaba, protegiéndose con los brazos. También decía algo sobre una escoba, pero no se le entendía bien.
Tras un minuto y medio más o menos comenzó a volver en sí.

Nos contó que estaba en una feria montado en la atracción del tren de la bruja. Dijo que no había nadie más montado, sólo él, y que por eso la bruja estaba todo el rato pegándole con la escoba.
Explicó que se había evadido totalmente del parque y que estaba en un lugar completamente diferente, creyendo que eso era real.

Tras acabar, ninguno de os tres nos sentimos mal, ni mareados, ni con dolor de cabeza, etc. Estábamos genial, como si no hubiese ocurrido nada, pero cada uno sabíamos la experiencia única e irrepetible que acabábamos de tener.

Adriana.

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